El pasado 14 de abril, a los 91 años de edad, moría Juan Acosta Jurado "Oso Viejo". Cuando desde Barcelona me llamó Santi para darme la noticia, tenía sobre mi mesa para contestar, la última carta recibida,  fechada en "la ciudad de los pinos gigantes, a 15 de la Luna Loca Ronda Solar MMVIII", y firmada de su puño y letra por "Oso Viejo". Así era Juan Acosta, un scout de pies a cabeza, que ejerció como tal hasta los últimos momentos de su larga vida.
Era un auténtico scout, de aquellos idealistas, íntegros, románticos, con una cierta dosis de ingenuidad propia de un espíritu joven, siempre animoso y alegre. Una rareza difícil de entender  para la sociedad actual. Alguno pudiera pensar que pudo ser como fue, y llegar hasta donde llegó porque la vida le trató de forma considerada, pero la realidad es muy distinta.
Soy aficionado a la historia, sobre todo a la contemporánea, y un capítulo que siempre atrajo mi atención fue la salvaje guerra civil que asoló España a finales de los años treinta del siglo pasado. Uno ya tiene su edad,  y es consciente de cómo se manipulan los hechos al ser contados por las respectivas partes interesadas. Por eso siempre me gustó escuchar a quienes vivieron en su propia carne aquellos horribles acontecimientos, pero sobre todo a aquellos que al margen de la pasión de los bandos enfrentados tuvieron que sufrir sus consecuencias, solo porque como suele decirse "pasaban por allí". Por su falta de apasionamiento, por su condición exclusiva de simples víctimas de una locura colectiva, su relato es para mí el más valioso.Oso viejo me regaló hace ya algún tiempo un libro con sus memorias de esa guerra incivil que soportó España desde 1936 a 1939, y que él sufrió intensamente, la mayoría del tiempo en la defensa de Madrid en el frente de Somosierra dentro del primer cuerpo de ejército republicano, y lo que vivió se puede resumir con la descripción que él mismo hace: " una guerra sangrienta entre hermanos, amigos, compañeros, familiares" en donde tenían "dos frentes los del campo de batalla y el de casa. Nos matábamos en las trincheras y en nuestras casas, nosotros no sabíamos quien era el enemigo, ya que había casos en el que era el propio padre, hijo, o cualquier pariente o tu mejor amigo."
Si se hiciese un reportaje sobre el libro con toda seguridad habría que poner antes un cartel advirtiendo que lo que se iba a ver, podría herir la sensibilidad de los espectadores. Y puedo garantizar que no exagero lo mas mínimo.
Por eso de vida sencilla Juan Acosta, nada de nada. Tuvo que sufrir las peores situaciones a las que una persona se puede enfrentar, desde comer ratas y bichos, hasta estar sometido a la incertidumbre de no saber que enemigo te va a matar si el que tienes delante y te dispara de frente del otro lado de las trincheras, o tu supuesto compañero que te meterá un tiro por la espalda. Verdaderas torturas físicas y psicológicas fueron algo cotidiano para él durante esos años.
Juan, según el mismo relata nació y vivió en Cádiz hasta los cuatro años, después se trasladó a Cuba con su madre, donde sólo vivieron un año, regresando a España y estableciendo su residencia en Barcelona. En 1933 ingresa en los Exploradores, hasta que en octubre de 1937 es movilizado y junto a otros jóvenes barceloneses es enviado casi sin instrucción alguna, directamente al frente de Madrid. Allí vivió la guerra dentro del bando que la perdió, por lo que al terminar en 1939 fue detenido por los vencedores y enviado a un campo de concentración. Como no pudieron encontrarle otra culpa que la de un simple combatiente de a pié que tuvo que ir a luchar muy a su disgusto, tuvieron que dejarle en libertad, pero eso sí, los tres largos años de penalidades y mili que había hecho con el ejército de la República no le valían y tenía que repetirla. Por ello tuvo que estar otros veinte años sirviendo al ejército vencedor, lo que como decimos los gallegos "manda caray.."
Una vez que regresó a Barcelona se instaló en Palamós, y pasados los primeros años de represión se dedicó en cuerpo y alma a reorganizar el movimiento scout.
Nuestras últimas cartas eran de despedida, no sabíamos cual sería la última, pero por ley de vida éramos conscientes de que el fin estaba próximo. Yo lo ocultaba un poco más, pero él lo decía con toda normalidad. "He empezado hace unos meses mi historial scout desde 1933 hasta el presente. Si logro acabarlo, ya te enviaré un original" me decía en su última carta, en la que también deba ya claros síntomas de cansancio de la vida. Yo me demoré en contestar precisamente por esto, no estaba seguro de la forma mejor de hacerlo.
Oso Viejo ha llegado ya al gran campamento, estoy seguro que él estará muy feliz. Todos los que queráis juntaros conmigo en este círculo, le cantamos nuestra canción de despedida.  adiós, adios hasta que nos volvamos a encontrar.
Hasta siempre Oso Viejo
 
Siempre listo para servir

  Enrique Soto

Presidente AISG –España-