Se cumple este año el 150.º aniversario del nacimiento de sir Robert Baden-Powell, el fundador de los boyscouts, gran escuela de formación humana. Aquí se ha hecho mucha bromita con todo esto, con las chirucas, los fulares y toda la pesca. Pero el escultismo ha sido uno de los componentes más importantes de la cultura de base, de la configuración mental y afectiva, de varias generaciones de jóvenes ciudadanos.

Sobre la tradición excursionista del país, el escultismo enraizó aquí ya en los años veinte, sobre todo gracias a Josep M. Batista i Roca, que siempre consideró la formación del carácter superior al cultivo de la inteligencia.

Y renació en los cincuenta, al amparo de la Iglesia, y más en concreto del abad Escarré, con el mosén Antoni Batlle. ¿No era el democristiano Maritain quien hablaba de la superioridad espiritual de la Iglesia sobre el Príncipe? Escarré se exilió a raíz de sus declaraciones a Le Monde del 14 de noviembre de 1963. Poco después, en la madrugada del 22 de diciembre, sufrió un vandálico atentado el Casal de Montserrat, en la calle Arcs de Barcelona. Gran impresión me causaron entonces, yo tenía trece años, las huellas del asalto y las pintadas amenazantes en aquel viejo caserón que albergaba nuestro  grupament Escolta Abat Marcet, en el que los llobatons teníamos como akela a Esperança Junceda, hija del gran dibujante.

Pues bien, en aquella Catalunya de entre los cincuenta y los sesenta, en aquella Catalunya en que se  rocuró llevar a cabo antes que en cualquier otro lugar de España la superación moral de la Guerra Civil,  l escultismo fue como una derivación del espíritu del noucentisme. Que había triunfado como modelo ideal ya en los veinte y en los primeros treinta, pero que en su conjunto había fracasado, porque, ya  esde la Setmana Tràgica en 1909 y luego todavía más en tiempos del pistolerismo, había topado con  na realidad social terriblemente tensionada por unas escandalosas diferencias de clase.

Como ya se vio en el gran desastre de la guerra y la revolución del 36, la sociedad catalana en su conjunto no había asumido, no había podido asumir, los ideales de civilidad  propugnados, por lo que se quedó sólo en sueño de unos pocos. En la Catalunya de los cincuenta, aquella esperanza en que los  alores de la civilidad nos harían más felices se cobijó en el escultismo, en su optimismo vital, en su ética de la responsabilidad, así como en su compromiso cívico.

A través del escultismo se difundieron aquí los valores democráticos, el gusto por la libertad, la pasión por conocer físicamente el país y el aprecio de lo cercano. ¡Y el respeto por la diferencia! Pero con la sacudida sesentayochista ya fue todo cuestionar el orden ideal, las jerarquías, los uniformes, los  aludos, las fábulas con animales, el voluntarismo. ¡Qué lejos quedaron a los ojos de los hijos de mayo francés del 68 los valores británicos del movimiento scout! El escultismo fue una gran escuela de  ormación de personas. Muchos servidores públicos de la democracia se formaron a su cobijo. ¿No es esto también, entre otras cosas, lo que marca diferencia respecto al encabronado clima guerracivilista que rebrota, inmisericorde, por la vieja España? Baden Powell fundó un movimiento de gente libre. "Intentad dejar este mundo un poco mejor de como os lo encontrasteis", dejó escrito en su testamento. s un mensaje sencillo pero difícil que continúa plenamente vigente.

Fuente: La Vanguardia 11.04.07 "Escultismo"

Fuente: La Vanguardia 11.04.07 "Escultismo"