El movimiento scout que bajo la iniciativa de su fundador Baden Powell, comenzó la andadura en la isla de Brownsea en agosto de 1907, está a punto de cumplir los cien años de existencia. Pero lo verdaderamente importante es que durante este siglo de vida, el escultismo ha contribuido a que millones de personas aprendieran a ser mejores ciudadanos, y se convirtieran en hombres y mujeres libres, solidarios y mas felices, empeñados en la construcción de un mundo mejor, siendo los beneficiarios de todo esto, personas de toda clase, sin ningún tipo de distinción ni de clase social, de raza,  de religión, o condición alguna.

En los tiempos que corren, cien años son muchos años. El mundo de principios del siglo XXI es muy diferente de aquél de comienzos del siglo XX. Aunque si lo analizamos detenidamente, comprobamos que por desgracia, una buena parte de los grandes problemas de entonces, siguen aún vigentes, y algunos de ellos incluso se ha agravado más.

A principios del siglo pasado a Baden Powell le preocupaba la guerra y la violencia; el abandono que sufrían muchos jóvenes, la falta de ilusión y la carencia de valores. Desde el primer momento tuvo claro que el futuro estaba precisamente en las manos de aquellos niños y jóvenes, y que para lograr un mundo mejor, era fundamental su correcta formación. Una educación encaminada a lograr ciudadanos íntegros, personas útiles, felices y solidarias.

Cuando observamos el mundo actual, no podemos menos que preguntarnos, para que ha servido tanto esfuerzo. Muchos de quienes nacimos cerca del mar y que de niños jugábamos a levantar castillos en la arena, manteníamos una desigual pelea con la marea. El mar, una vez tras otra, terminaba por derribarnos las murallas, pero con la misma tenacidad, nosotros volvíamos a levantarlas. Al final quedamos en tablas, pero no fuimos vencidos. Aprendimos desde muy pequeños una lección que, como aseguraba Baden Powell, con tesón y  constancia nada es imposible.

Una cosa que podemos observar hoy en muchos niños y jóvenes, es la facilidad con que se dan por vencidos. Dejan que el mar derribe su trabajo y luchan muy poco por evitarlo, y después no esperan la oportunidad de la marea baja para desquitarse, simplemente cesan en su empeño, sin darse cuenta de que muchas veces lo importante no es la cosa en sí, sino la decisión de un mantener un ideal, la convicción de ser capaces de alcanzar la meta final.  Parecen carecer de amor propio, como si hubieran aprendido, que hagan lo que hagan el resultado siempre será el mismo.

Creo que es muy importante hoy, convencer a los más jóvenes, que con trabajo constancia e ilusión, se puede mejorar el mundo, y que la propia felicidad es mayor, a medida que logramos hacer felices a los demás. En conclusión, es necesario hacer renacer en ellos el espíritu scout.

Yo os invito en este año del Centenario, a no rendirnos, a luchar por los mismos ideales que Baden Powell preconizaba hace cien años, con la seguridad de que lograr un mundo mejor es posible y con la convicción de que algún día entre todos lo conseguiremos.

 

Enrique Soto,

Presidente

A.I.S.G. –España-